El siglo XX tuvo muchas caras y hoy se las vemos sin complejos, sin perdonarle la vida a nadie, sin negarle el pan y la sal. Por ejemplo, el Concierto para violonchelo y orquesta de Walton, escrito en 1956 para Gregor Piatigorski, es una preciosidad, de mayor calibre incluso que los compuestos para violín o viola por el mismo autor, con los que comparte universo espiritual y sonoro. Con un Moderato lleno de poesía, un Allegro appasionato que recuerda al gran Walton  de la Primera Sinfonía y un tema ed improvisazioni final que muestra la maestría del autor para la fomra variación. Música directa, sensible y cordial, maravillosamente hecha que encuentra en Pieter Wispelwey un traductor de primerísima clase. El violonchelista holandés se encaramó desde su aparición a lo más alto del escalafón y ahí sigue mientras firma una versión de referenica de este Concierto con la impagable ayuda del escelente Jeffrey Tate, un valor seguro donde los haya, y una magnífica Orquesta Sinfónica de Sydney. El disco se completa con un paseo por distintas músicas para vilonchelo solo, como la espléndida Sonata de Ligeti