Discos

Un cierto siglo XX

El siglo XX tuvo muchas caras y hoy se las vemos sin complejos, sin perdonarle la vida a nadie, sin negarle el pan y la sal. Por ejemplo, el Concierto para violonchelo y orquesta de Walton, escrito en 1956 para Gregor Piatigorski, es una preciosidad, de mayor calibre incluso que los compuestos para violín o viola por el mismo autor, con los que comparte universo espiritual y sonoro. Con un Moderato lleno de poesía, un Allegro appasionato que recuerda al gran Walton  de la Primera Sinfonía y un tema ed improvisazioni final que muestra la maestría del autor para la fomra variación. Música directa, sensible y cordial, maravillosamente hecha que encuentra en Pieter Wispelwey un traductor de primerísima clase. El violonchelista holandés se encaramó desde su aparición a lo más alto del escalafón y ahí sigue mientras firma una versión de referenica de este Concierto con la impagable ayuda del escelente Jeffrey Tate, un valor seguro donde los haya, y una magnífica Orquesta Sinfónica de Sydney. El disco se completa con un paseo por distintas músicas para vilonchelo solo, como la espléndida Sonata de Ligeti

Honda Madurez

Una vez más, Luis de Pablo acude al género del concierto con solista. Las dos obras representadas en este disco, el concierto para arpa y orquesta, Danzas secretas, de 2007, y Frondoso misterio, de 2002, un concierto para violonchelo y orquesta, grabados por el sello Claves para la Colección de Músicos Vascos, constituyen eslabones importantes en la larga cadena a la que pertenecen, en el catálogo del compositor, los tres conciertos para piano, el de violín, uno para guitarra, otro para saxofón (Une couleur) y otro para flauta (Figura en el mar). La excelencia de la mayor parte de estas piezas casi podría llevar a pensar que el compositor había tocado techo en este género, que, por otra parte, se inserta perfectamente en la tradición, pero el asombro no cesa ante la nueva entrega del  músico, dos nuevos conciertos para el disco que fácilmente podrían encabezar una lista de obras de esta clase escritas en los últimos 60 años. Efectivamente, la inventiva  de De Pablo se pone una vez más de manifiesto en estas dos partituras que rebosan honda madurez y que son de esa clase de obras que están pensadas para satisfacer a todo tipo de receptores, pues van más allá de la especulación y del simple enfrentamiento entre solistas y orquesta.

De Pablo convoca a Caplet (el maestro del arpa) y a Charles Ives. A los dos parece rendir homenaje en sendas obras que parecen, además, ir de la mano tanto en plasticidad sonora como en el sabio uso de unos materiales en constante movimiento, conservando el pulso de la armonía tradicional, pero trufado de juegos aportes modernos, como el inteligente empleo de la repetición (última sección de Danzas), el timbre exótico, protagonizado por los intrumentos de percusión, en clara alusión a la fuerte influencia que sobre el músico han ejercido siempre las músicas extraeuropeas y, finalmente, la obtención de momentos que parecen sólo reservados a aquellos que, como De Pablo, poseen ya un bagaje fuera de descusión: la parte central de Frondoso misterio revela, en su forma de música pura, una formidable asimilación de los aportes de un Olivier Messiaen, por la suave disposición de los timbres y el estatismo (emocionante suspensión del tiempo) de todo el conjunto.

Disco de Lang Lang

Parece que los pianistas de Deutsche Grammophon han tomado la delantera a su empresa, o que esta parece haberse “soltado el pelo” en comparación con hasta hace pocos años, cuando si un intérprete grababa tal obra ya no la podía grabar ninguno más en unos años, para no hacerse autocompetencia. Ahora tenemos, en un mismo año, conciertos de Beethoven por tres de los pianistas de la casa: Grimaud termina de grabar el Quinto, Pletnev la ha emprendido con la integral de los Conciertos para piano, y Lang Lang graba los Primero y Cuarto. ¿No hay más repertorio para los pianistas del sello amarillo? Está claro que Beethoven es una piedra angular en la carrera de cualquier pianista, pero saturar el mercado, con ofertas repetitivas en una misma casa discográfica, no sé muy bien qué sentido tiene… ellos sabrán. Por cierto, con los directores ocurre lo mismo: Pletnev (de nuevo) ha grabado la integral de las Sinfonías y el debut de Welter-Möst en el sello lo ha sido con la Novena.
El joven pianista chino tarde o temprano tendría que afrontar a Beethoven, aunque bien es cierto que lo lleva trabajando desde hace tiempo. Ya se han podido ver por las televisiones (no españolas, claro está) varios ejemplos de este trabajo, y ahora ha sido el momento para llevarlo al disco. El acompañante a la batuta es un buen conocedor de este repertorio, aparte de ser el mentor (en la carrera americana) del solista, Christoph Eschenbach, y la orquesta que lo secunda, una de sus titularidades, la de París.

El Primer Concierto es el menos bien parado, por decirlo de alguna manera. El primer movimiento, “Allegro con brio”, comienza con una muy buena introducción orquestal, la orquesta suena densa, en las cuerdas sobre todo, pero no resulta pesada, y prosigue con un pianista acertado en el tempo, muy majestuoso, sacrificando (como es típico en él) el color por la expresividad. En algún pasaje, suena algo “sobreactuado”, perdiendo ese toque clasicista de la música, aunque esta afectación no desagrada, por lo menos en esta parte. La cadencia empleada es la del propio Beethoven, y en ella Lang Lang muestra todo un alarde técnico. La orquesta hace en este movimiento un acompañamiento digno del pianista, atento a las inflexiones del mismo, pero, claro, más en el estilo de Beethoven que en los experimentos del pianista.

El segundo movimiento, “Largo” vuelve a tener en la orquesta y el director el auténtico idioma del primer Beethoven. En cambio el pianista vuelve hacer alarde de afectación, y sobreactuación, con algunos pasajes rubateados que llegan a lo ridículo, y alguna alteración en la dinámica.

El tercer movimiento, “Rondo. Allegro” es el peor parado de todos: la orquesta vuelve a dar una lección de estilo, de articulación, de fraseo… y de cierta “gracia” (raro esto en Eschenbach); para mí, lo más interesante de esta grabación. Lang Lang vuelve a hacer muestra de esa afectación, no hay gracia en su discurso, sí hay alteraciones de nuevo, dinámicas y expresivas, aparte de mamporrazos sin sentido, de la peor escuela del último Barenboim. La orquesta mantiene el tipo, y no cae en ese juego. Lang Lang, más que personal, suena caprichoso, afectado y fuera de estilo. Una lástima.

El Cuarto Concierto sale mejor parado, es un piano más romántico, en teoría no puede caer en la “afectación” del primer concierto. Lang Lang, se muestra comedido, quizás algo serio, y demasiado trascendente, pero da gusto oírlo, aquí sí, aunque tanta trascendencia quizás sea excesiva. A la Orquesta de París (quién la visto, y quién la ve) da gusto de nuevo escucharla, un arropamiento algo sinfónico, a la antigua escuela, pero muy convincente. El segundo movimiento, “Andante con moto”, queda muy serio y noble, impresionante la entrada de las cuerdas graves en este movimiento. Con el piano, estático, y marmóreo, firman lo que posiblemente sea el mejor momento de la presente grabación. El último movimiento, “Rondó. Vivace” tiene alguna ocurrencia en el piano, por ejemplo acentuar las notas finales del ritmo ternario, un efecto algo enfático, pero no hay mucho amaneramiento, ni contundencia gratuita; aquí el pianista y la orquesta se muestran más compenetrados que en el concierto anterior.

El disco viena acompañado con un DVD promocional, en inglés unicamente, en la que destaca la entrevista al pianista, cargada de anécdotas.